lunes, 8 de noviembre de 2010

Chacho, un folklorista Paraguayo en costa de Marfil

Dia lluvioso en la isla. Desde mi ventana bajo tierra intento dilucidar si el sol saldra pronto o seguira el dia nublado. No es posible saberlo ya que el cielo no se ve. Apenas entra un claro de luz en todo el dia.
La unica puerta a un patio compartido esta casi siempre cerrada. El vecino del piso de arriba, dueño y señor de un patio en desuso llama a la policia cada vez que los diferentes inquilinos que han pasado por este local (en la ciudad de Palma de Mallorca) osaron en buscar un poco de aire o disfrutar de un patio con falsos bananeros. El centro histerico de Palma agobia. Calles estrechas, solitarias por la noche, plagadas de autos estacionados y falto de plazas con verde. Mucho cemento y poca luz. A veces ni te enteras si es de dia o de noche
Hoy lunes, me levante tarde, cerca del mediodia, luego de una noche decadente en una sala de conciertos de un barrio industrial. Ayer hubo una especie de fiesta de la argentinidad al palo. Un concierto de los Autenticos Decadentes donde estuvo obviamente plagado de argentinos de esos, que lo unico en comun que uno tiene es tener la misma nacionalidad y recuerdos musicales y culturales similares. Aunque no mucho mas.

Pasado el mediodia y ya con la luz prendida ponia el calentador electrico pal mate. Entre la lista de cosas por hacer: arreglar el charango. Una vez mas un tragico suceso ponia un impass a mi relacion con ese dichoso instrumento.
Si lo hubiera llevado al traumatologo le habrian diagnosticado doble fractura de caja y rotura de tapa cruzada. Los problemas siempre traen la necesidad de buscar soluciones y ese trajin implica salir a deambular por nuevas calles o con los ojos abiertos y despiertos, realizar preguntas a las personas indicadas para respuestas certeras y asi ahorrarse largas caminadas.

Vivo en un local, como ya bien dije un tanto oscuro, que sirve ademas como deposito a los pintores y artistas callejeros de la Plaza Mayor. Por esa razon, desde tempranito se escucha una bendita reja ( la puerta) y gente entrando y sacando carros.
Dia a dia uno va conociendo a los propietarios de los diversos carros. El otro dia pude ver al dueño de un ataud movil. Hay tambien unos mexicanos que hacen carteles, un africano que hace cuadros con latas recicladas, un argentino guitarrista y otros tantos otros que todavia no se que esconderan entre esos carros.

Hoy despues de comer aparecio un uruguayo retratista y por simple inercia ose en preguntarse si conocia algun Luthier. Las cosas pasan por algo y resulto que venia de estar toda la mañana con un tal Chacho, un viejo guitarrista y luthier paraguayo.
Me dio el telefono, lo llame y al rato caminaba por una calle desconocida y tocaba el timbre de su casa. Chacho vive solo o eso me parecio al entrar. Señor mayor, de unos 70 años, de ritmo tranquilo y un talante amable y hospitalario.
En el living habia un aparador con monton de medicamentos, discos de vinilo, algunas fotos de su pasado glorioso como musico, Un par de guitarras en el sillon, un cuatro. Me hizo sentar, sentirme comodo. Antes de empezar a hablar del charango me mostro la guitarra que habia reciclado en la calle y ahora estaba nuevita.

Hablaba bajito y todavia conserva el acento paraguayo. Apenas me invito a sentar a la mesa, senti que queria recordar y compartir algunas de sus historias. Asi fue que conto algunas anecdotas de Atahualpa en Paris (donde ambos vivieron sus buenos años).

"La primera vez que vine a Francia, fuimos contratados por un hotel de lujo en Costa de Marfil. Alla encontramos un lp del homenaje que le hizo Alberto Cortes a Atahualpa. Años mas tarde me lo encontre y le hable de lo bueno que me habia parecido ese disco homenaje y Atahualpa se cabreo y me dijo que era un sacrilegio.
Comiamos en el mismo restoran en Paris, siempre estaba ahi cerca de donde tocabamos."
Hicimos trato por el charango, dijo que me lo iba a arreglar y que no me preocupe por el dinero.
Pero en realidad lo divertido de sus recuerdos comienza cuando salimos de su casa camino a un bar a tomar un cafe. En la panaderia la chica que atiede parece conocerlo. El le pide cafe con leche pan y manteca. Se rien ambos. "en vaso, traemelo" porque viene mas segun cree. Mañas de viejo. Mientras yo mojo las magdalenas el cafe en las medialunas, el vuelve a su historia del viaje por Costa de Marfil.
"Fuimos contratados 6 meses y nos quedamos 8. Alla comiamos todos los dias crucut. Esa comida alemana a base de repollo. Ya estabamos cansados del cruchut. Siempre trabaje en hoteles o restoranes donde comiamos de lujo. En Uruguay, donde ganamos un premio de folklore y conseguimos un contrato para venir a Europa, nos servian el mejor asado. Y ahora habia que aguantar el cruchut.
"Pedimos cafe con leche pan y manteca. Y me la pase comiendo eso todo el tiempo que estuvimos ahi". No se como logro hilvanar esas historias. Lo escuchaba atento porque su tono era muy bajito. "Yo veia que los africanos comian un arroz con carne. Fui a hablar con el cocinero que era frances y dormia en los mismos bungalos que nosotros y le di 100 de la moneda, que serian como 1 franco. Para alla eso era mucho. Una propina mas bien y le pedi que queriamos comer lo que comian los africanos. Ya no aguantaba mas el crucut. Nos empezo a servir arroz, bien picante era. Mis compañeros se prendieron sin preguntar al plato...
Realmente me resulto de lo mas insolito un grupo de folkloritas latinoamericanos en un hotel de lujo en Costa de Marfil en los 70, 80.
Las historias siguieron, los nombres de folkloristas que desconozco, que fueron sus amigos.
Me conto cuando Bekenbauer lo invito a la fabrica de Adidas ( yo ni sabia que era el dueño) y le regalo un par de remeras asi chiquititas, tenia que cortarme a la mitad pa que me entren. De Grecia tocando el Zorba con el arpa paraguaya y de otras cosas que me se me escapan. No me dejo pagar los cafes.
Sali pensando en porque suceden las desgracias. Siempre que pasa algo malo se abre un mundo nuevo para encontrar soluciones. Asi me sumergo en nuevas historias y quiebro las cotidianeidades que tan rapido se adquieren como se pierden.

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